rosquitas de anís

Receta tradicional de rosquillas de anís

Antes de que las cupcakes llegasen a nuestras vidas, en las casas se comían dulces tradicionales, con nombres que se podían pronunciar y hechos con ingredientes naturales que todo el mundo tenía a mano.

En las casas pobres, las rosquillas de anís eran un dulce muy popular, pero que no se podía comer todos los días. Por suerte, hoy sí que las podemos comer cuando queramos, de manera que te voy a enseñar cómo se hacen.

Se empieza preparando la masa

Como es natural, para hacer las rosquillas hay que preparas una masa. Para ello cogemos un bol bien grande, para poder mezclar muy bien los ingredientes y añadimos tres huevos con la yema y la clara de 150 a 200 gramos de azúcar (dependiendo de cómo nos gusten de dulces), 100 gramos de mantequilla o margarina, un par de copas de anís, y tres o cuatro cucharadas de anís en polvo.

En cuanto al anís, las cantidades dependen de lo fuerte que nos gusten las rosquillas, sabiendo que en el caso de las copas de anís el alcohol va a desaparecer cuando friamos la masa, quedando sólo el sabor.

Con todos los ingredientes en el bol nos toca mezclar bien. Si tienes una batidora con varilla mezcladora, aprovecha la tecnología y dale fuerte, hasta que quede una masa bien homogénea.

Con la masa homogénea la sacas, espolvoreas harina sobre la encimera (que tiene que estar bien limpia) y amasas un poco, con el fin de sacar el aire para que luego las rosquillas no exploten al freírlas, como ocurre con los churros.

Las rosquillas las hacemos confeccionando pequeñas bolas de masa que ahuecamos en el centro con el dedo.

Las metemos en aceite

Ahora hay que freírlas. Para hacerlo se recomienda hacer una mezcla, mitad y mitad, de aceite de girasol y de oliva, que hay que calentar bien (que no humee)

Una vez que está bien caliente hay que meter las rosquillas y dejamos que se doren, pero sin quemarlas. Si eres inexperto, puedes probar con una para ver cuánto hay que freírlas.

Cuando ya estén las sacas con cuidado de no quemarte y las pones en papel de cocina, pues siempre es conveniente quitarles la máxima cantidad posible de aceite, para que sean más sanas.

Terminamos nuestras rosquillas de anís

Para terminar nuestras rosquillas, cuando están templadas hacemos una mezcla de azúcar glas y canela en polvo. Ponemos la mezcla en un plato y las embadurnamos bien, sacudiendo el sobrante.

Una vez hecho esto ya se pueden servir y guardar durante un par de días sin problemas, aunque te aviso de que lo más probable es que no tengas que guardad ninguna, pues no van a durar más allá del “primer asalto”, pues las rosquillas de anís son uno de esos postres tradicionales que le gustan a todo el mundo.