Salsa de tomate casera

Cómo hacer salsa de tomate casera

La salsa de tomate la usamos para una enorme cantidad de platos y la solemos comprar en los supermercados. Sólo basta con mirar los ingredientes que tienen estas salsas y además si queremos comprar una de calidad el precio es estratosférico.

Por eso, creo que lo mejor es hacerla nosotros mismos, pues no se tarda tanto, es barata y la podemos reservar en el frigorífico para cuando la necesitemos.

Tendremos que emplear un poco de tiempo, pero a cambio obtendremos un producto sano, sobre todo si conseguimos que los tomates sean de alguna huerta cercana, de un agricultor ecológico.

Ponemos la sartén al fuego

Para comenzar la salsa nos hace falta una sartén alta o una olla, con lo que nos sintamos más cómodos. A la olla le ponemos un buen chorro de aceite de oliva y alrededor de 150 gramos de cebolla, que iremos sofriendo poco a poco.

A la misma olla le añadimos un par de ajos en enteros, para que no se quemen y un poco de cebollino si tenemos a mano, aunque el cebollino es opcional, más por decorar que por el sabor que le da al plato.

A fuego lento iremos sofriendo la cebolla, hasta que veamos que cambia de color. No hay que tener miedo porque los tomates que pondremos luego sueltan mucha agua, e impedirán que la cebolla se queme aunque esté muy sofrita.

Con la cebolla ya hecha ponemos los tomates

Para la salsa necesitamos un kilo de tomates bien maduros. Si no conocemos a nadie que tenga una huerta tendremos que ir a la tienda. Allí podemos aprovechar alguna de esas ofertas que ponen cuando los tomates están tan rojos y blandos que no los pueden vender al precio normal.

A nosotros eso nos da igual, pues cuanto más rojos y blandos estén los tomates mejor para nuestro propósito.

Con los tomates ya en casa, los troceamos y los colocamos en la olla, dejándolos sofreír a fuego lento. Le ponemos un poco de sal y pasado un cuarto de hora, más o menos, los probamos.

Si la salsa está muy ácida le ponemos una cucharadita de azúcar, mejor si es azúcar moreno, damos vueltas y volvemos a probar. Si aún sabe ácido le añadimos otra cucharada y damos vueltas.

Lo pasamos por la batidora

Cuando el sofrito esté listo lo dejamos enfriar y lo pasamos por la batidora. A mí me gusta que tenga las pieles, pues es más natural y es ahí donde está la fibra, pero si quieres la salsa más fina la puedes pasar por un colador chino o por un tamiz.

Cuando ya la tengas sólo queda envasarla y meterla al frigorífico, para consumirla cuando la necesitemos. Deciros que se puede consumir así, fresca  y con un chorro de aceite de oliva por encima, como si fuera una sopa.